Marx inventó la grieta (historiadores, abstenerse!)


Varias generaciones crecieron convencidas de que había diferencias irreconciliables entre los empresarios (dueños de los medios de producción) y los trabajadores (sólo poseen su fuerza de trabajo!!). La ecuación y el mensaje eran sencillos: la riqueza del empresario se acumulaba a costa del esfuerzo del trabajador (apropiación del excedente del trabajo-plusvalía). Había que luchar para defenderse de semejante atropello y fue así como los trabajadores tomaron conciencia (de clase) para formar los primeros sindicatos. Las luchas rindieron sus frutos y hoy podemos jactarnos de la jornada de 8 horas, igual salario por igual tarea, derecho a huelga y muchos etcéteras.

Show me the money 

Durante 200 años (historiadores, abstenerse!) los empresarios no se preocuparon por revertir su mala imagen. Por el contrario, el miedo funcionó como forma de disciplinamiento de los trabajadores, que sólo tenían que hacer lo que había que hacer, en el tiempo que había para hacerlo (los Ingenieros estaban para pensar). El modelo funcionaba porque el margen de ganancia estaba en el volumen y no en la diferenciación y el trabajador que tuviera alguna disidencia, podía marcharse a su casa y volver a formar parte del ejército…de supernumerarios!!!

Todo llega…y todo pasa

Hacia fines de los años 40 del siglo pasado (historiadores no se alteren, yo les avisé!) surgieron las primeras preocupaciones por problemas de rendimiento en el trabajo. No era un planteo moral de los empresarios, sino que los números no cerraban. Se abrieron institutos de investigación (como el Tavistok http://www.tavinstitute.org/who-we-are/) y se invirtieron varios miles de dólares para llegar a la conclusión de que las empresas estaban integradas también por personas y que las relaciones humanas incidían en los aspectos técnicos(sistemas socio-técnicos). La figura del empresario explotador fue reemplazada por el empresario sobreprotector.

La verdadera guerra fría: comunismo vs. consumismo (historiadores, se pueden tomar un Alplax)

Algún día iba a pasar. Cuando el mercado doméstico se agotó (bye bye Wellfare State- https://es.wikipedia.org/wiki/Estado_del_bienestar) había que ir tras el mercado mundial. La competencia se volvió más encarnizada, para poder atraer a consumidores ahora más sofisticados, que ya no se conformaban con el Ford T de color negro. La calidad imperaba sobre la cantidad. Punto final para el modelo de producción en serie (sociólogos, abstenerse).

Mira quién habla

Allí estaban ellos, relegados a realizar tareas repetitivas, estudiados como ratas de laboratorio. Hasta que alguna mente brillante se acordó de que allí, en la base de la pirámide organizacional, estaban aquellos más podían contribuir a sacudir la modorra empresaria: ¿Quién mejor que un operario para detectar desvíos en la calidad de los procesos? ¿Quién mejor que un vendedor para escuchar al cliente y detectar lo que necesita? ¿Quién mejor que un operador de atención al cliente para demostrar lo mucho que las empresas se preocupan por los consumidores?

La encarnizada guerra por el talento

De mal necesario, a recurso estratégico. Antes que sea demasiado tarde, las empresas tomaron el toro por las astas y crearon las gerencias de Capital Humano, otra de las grandes invenciones del Siglo XX (No me molesten, historiadores!). Su nueva misión sería la de atraer, retener (como dé lugar) y desarrollar Talento, ese insondable término que por querer decir mucho, no dice nada.

Así nacieron ideas revolucionarias como el Casual Friday, una oportunidad para que se luzcan los verdaderos descamisados. O el Home Office (preferible al vapuleado Tele-Trabajo, que muchos lo tomaron al pié de la letra: un poco de tele y otro tanto de trabajo).

No debo dejar de mencionar que el trabajador pasó a ser un colaborador, una parte esencial del engranaje para esa causa benéfica llamada negocio. Los jefes fueron reemplazados por líderes, que pasaron de dar órdenes a inspirar a los colaboradores para la construcción de una visión compartida.

Ahí vienen los Millennials, hagansé a un lado que el ego no pasa por la puerta!

Nacieron durante los 80, aman la tecnología, no creen en los compromisos a largo plazo y muchos forman parte de ese sector de IT, el que las empresas no saben cómo mantener para no perder cientos de miles de dólares de mano de la competencia. Cuando un Millennial estornuda en Buenos Aires, se sacude la bolsa de Tokio. Ocupan puestos tan extraños como “analista de interface de usuario”, “programador C++”, entre otras rarezas. Las nuevas tendencias en Gestión apuntan todos sus cañones a esta generación. Las empresas llegan a recrear realidades paralelas, para simular que el ámbito laboral es cualquier cosa, menos un trabajo. Así proliferan las mesas de ping-pong, el pool, el gimnasio, las cafeterías, el yoga, los masajes, en fin, una serie de dispositivos que mantienen engañados a los colaboradores, que necesitan creer en un mundo ideal, balanceado entre la vida y el trabajo, de paz, amor…y dinero.

Ah, cierto que había Sindicatos

¿Y ahora qué? se preguntan los sindicatos. ¿Cómo pueden atraer a estas nuevas generaciones en sectores tan poco afines a la sindicalización? Reinvindicaciones del tipo”queremos una Internet más rápida” no son compatibles con una dirigencia que todavía organiza asambleas para discutir si pueden dar el visto bueno a la instalación de una máquina expendedora de boletos en la estación Urquiza. Algunos sindicatos tradicionales quieren dar el primer paso (https://goo.gl/jbLk6d), para quedarse con esa gran torta llamada aportes, contribuciones y cuota sindical. Un conocido sindicato intentó presionar, bloqueando la puerta de un depósito, pero los Millennials le proyectaron un video del nuevo camión autónomo (in your face!!).

Si Marx se despertara de la tumba, exclamaría: "Al fin llegó la dictadura del proletariado!!"



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