La agonía del empleo

La extinción unilateral de la relación laboral-el despido hablando en criollo-es el fantasma por el que atravesamos todos en cualquier trabajo por el que hayamos pasado. Cuanto mayor es la antigüedad, entramos en una zona de confort, por lo que el miedo al despido se agiganta. 
Sin embargo, pocas veces nos hemos puesto a pensar en un flagelo, que lamentablemente, es más frecuente de lo que imaginamos: la quita de funciones o bien la asignación de tareas de menor jerarquía a las que desarrollamos habitualmente. 

El freezer

En el ámbito de la Administración Pública, esta práctica se la conoce en la jerga como “freezar”. Sucede a menudo con los cambios en la gestión política o con las asignaciones de cargos de jefatura-mandos medios-que suelen traer su propia “tropa”. Tiende a ser más común que en el sector privado y afecta sobre todo al personal en la modalidad de planta permanente. Aparte de la desafectación de las tareas habituales, se pierde la posibilidad de capacitarse y seguir desarrollando la carrera profesional, en otras áreas o en dependencias del Estado. Los sindicatos pegan un grito en el cielo cuando se pierde un puesto de trabajo, pero rara vez se manifiestan ante estas prácticas. 

Terapia intensiva

En el sector privado, las razones que priman son las monetarias. Cuando el despido se vuelve difícil de costear, se opta por conservar a la persona, con la mínima cantidad de tareas y responsabilidades o inclusive con funciones que suelen ser degradantes en relación al perfil profesional y experiencia . Ya no queda nada por hacer. El desempeño no es el adecuado, las acciones de desarrollo no rindieron sus frutos y la persona no logra adaptarse a la nueva cultura. La lógica diría que el despido sería la opción más razonable (en los párrafos siguientes voy a desarrollar esta tesis), pero se opta por una opción más cruel. Si se me permite la analogía, cuando el equipo médico a cargo de un paciente en estado crítico, diagnostica que el estado es irreversible, en lugar de dejarlo ir en paz, se lo mantiene conectado a un respirador artificial, dado que por cuestiones legales, se le impide tomar la decisión más razonable. El salario es lo único que mantiene vivo al trabajador “desvinculado”. El andamiaje que sostiene el sentido del trabajo, se ha derrumbado y sólo queda la razón más primaria por la que todos los días nos levantamos a las 6 de la mañana. 

Hay vida después de la muerte 

Afortunadamente, en lo que a trabajo se refiere, el fin de una relación laboral deriva más tarde o más temprano en el inicio de otra. O aun mejor: en el inicio de un proyecto personal. En un artículo publicado en la Harvard Business Review, Paty McCord-ex Directora de Recursos Humanos en Netflix-explicaba los pilares de su estrategia para refundar la gestión de personas, en el momento que Netflix dio un cambio abrupto en su modelo de negocio: pasó de ser una empresa de distribución de DVD a una plataforma de streaming de cine con producciones propias. Cuenta el caso de Laura, a cargo del departamento contable. Ella era brillante, trabajadora y creativa. Había sido muy importante en la primera etapa de crecimiento de la compañía. Cuando la organización pasó a ser pública-cotizaba en bolsa-necesitaba contadores públicos certificados con probada experiencia. Laura sólo tenía un título de escasa jerarquía, que no le permitía ejercer su función para empresas de estas características. Sus habilidades no podían aplicarse en esta nueva etapa. Se había pensando en asignarle un nuevo rol, pero finalmente le ofrecieron un retiro voluntario muy generoso. Laura finalmente lo tomó de forma positiva, por las posibilidades de capacitarse y rumbear su carrera. 

Adiós empleo, hola empleabilidad

El empleo de por vida, ese que disfrutó la generación de los baby boomers, es una especie en extinción. Las empresas viven cada vez menos tiempo, los empleos se transforman a un ritmo inimaginable, las industrias disruptivas e intensivas en conocimiento ganan protagonismo, desplazando a los clásicos oficios industriales. Frente a un panorama que resulta devastador, las personas tenemos la gran oportunidad y enorme responsabilidad de cuidar nuestro futuro. La formación continua-a lo largo de la vida-nos puede inmunizar frente al flagelo del desempleo. La empleabilidad es el activo estratégico del siglo XXI. En sencillas palabras, la podríamos definir como la probabilidad de obtener un empleo o bien de desarrollarse en el empleo actual, promoviendo una trayectoria en sentido vertical, horizontal o diagonal. Es decir que no hay mejor seguro de desempleo que la formación a lo largo de la vida. 

Barajar y dar de nuevo

Las organizaciones, que tanto se preocupan por su sostenibilidad, deben replantear su estrategia de gestión de personas. El empleo sostenible es aquel que pone en el centro el desarrollo profesional. Mantener a una persona en la estructura, para evitar costos en materia de indemnización, sin la capacitación requerida, ni la posibilidad de crecimiento en distintos sentidos, es una condena imperdonable. Por el contrario, una política de retiros voluntarios, que incluyan una ecuación económica razonable y un acompañamiento para la reinserción profesional, refuerzan la marca empleadora y el sistema de valores compartidos, dando un mensaje positivo a los empleados que permanecen en la organización. 
A su vez, las organizaciones sindicales deben dejar de defender puestos de trabajo y pasar a reivindicar la formación inter-profesional como derecho básico de todo trabajador. Aferrarse a un modelo en extinción, es nocivo e inconducente. 
En eso pensaba cuando me crucé con la carpa de los ex-empleados de Pepsi-Co, que reclamaban la reincorporación a una planta que cerró sus puertas. Son los que no aceptaron la indemnización del doble de lo que prescribe la Ley de Contrato de Trabajo o el traslado a la planta de Mar del Plata. Nos piden a los ciudadanos que no compremos los productos de la compañía. Los miré con un dejo de nostalgia, por esa inocencia que mantiene vivo un sueño, como esos Ludistas que rompían las máquinas como protesta al avance de la tecnología.  

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